Lo que nos robaron mientras disfrutábamos del progreso

Con la crisis que ha desatado la pandemia del coronavirus COVID-19 parece que hemos descubierto, de pronto, que los productos que necesitamos no los producimos nosotros. Con todos los profesionales -sanitarios y no sanitarios- desprotegidos ante el contagio, en este país no había nadie que fabricara mascarillas, nadie que fabricara respiradores, nadie que fabricara test analíticos.

El día que el capitalismo descubrió que el régimen de China serviría para producir a precios irrisorios, desmantelaron nuestras industria y deslocalizaron las empresas mientras nosotros disfrutábamos del progreso, del consumo, de los vuelos low cost y de exóticos resorts recién fumigados contra insectos. Todavía se siguen llevando fábricas fuera.

Total, ¿quién iba a necesitar toneladas y toneladas de mascarillas de la noche a la mañana? ¿quién iba a especular con su precio? ¿cómo íbamos a imaginar que la ley de la oferta y la demanda iba a funcionar a pleno rendimiento en mitad de una pandemia? ¿cómo íbamos a prever que los estados requisaran el material que producen sus fábricas para uso interno?

Pues sí, quienes permitieron que esto ocurriera sabían de sobra las repercusiones que tenía. Globalización lo llamaron. Lo sabían y lo hicieron. Igual que privatizaron eléctricas, telecomunicaciones, combustibles, transportes, sanidad y otros muchos servicios y productos esenciales. Porque conviene que nuestros gobernantes parezcan ingenuos, pero el poder sabe muy bien las cartas que juega.

Pero el día que la crisis internacional sea una guerra en lugar de una pandemia, no sólo echaremos de menos las industrias sanitarias. Entonces nos daremos cuenta que también vendieron los suministros esenciales. Y ese día nos enfrentaremos a una catástrofe de proporciones nunca vistas.

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Sobre mí

Ana González

El gusto por escribir lo desarrollé intercambiando cartas con las amigas que había dejado atrás en mi pueblo de Badajoz. Tenía 9 años. Abrí mi primer blog cuando los blogs aún no existían. Y ahora, después de dejar por el camino un montón de cadáveres y zombies digitales que pretendían ser bitácoras, abro de nuevo esta ventana al mundo.