No me dé lecciones de periodismo

«No me dé lecciones de periodismo», una frase que he leído en demasiadas ocasiones en los últimos meses. Alguna vez dirigida a mí misma y, en otras, hacia otras personas. Siempre lanzado desde el pedestal comprado de una cabecera de medio digital.

No sé si lo que necesitan esas personas es una lección de periodismo. Probablemente no. Cuando mienten lo hacen a sabiendas de estar manipulando o falseando la información. Tienen una absoluta falta de respeto hacia la información veraz. Y eso, amigas, amigos, no es Periodismo.

Lo saben y lo hacen. No se equivocan, mienten. Así que cuando alguien agraviado/a por su información les recrimina la falta de rigor de sus publicaciones, reaccionan como un gato panza arriba.

¿Y por qué lo hacen? Porque sus cabeceras no existen para hacer valer el derecho a la información que tenemos como ciudadanos y ciudadanas. Sus cabeceras existen como sustento vital de un puñado reducido de periodistas. Lo único que no podemos olvidar es que no se muerde la mano que te da de comer.

¿Y por qué hacemos como si lo que publican fuera periodismo? Pues probablemente por no sabernos desprotegidos, por mantener la ilusión de que existe una prensa libre que vela por el interés ciudadano, que no sucumbe al poder y que, a la postre, tendrá más interés en la realidad que en la propaganda.

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Sobre mí

Ana González

El gusto por escribir lo desarrollé intercambiando cartas con las amigas que había dejado atrás en mi pueblo de Badajoz. Tenía 9 años. Abrí mi primer blog cuando los blogs aún no existían. Y ahora, después de dejar por el camino un montón de cadáveres y zombies digitales que pretendían ser bitácoras, abro de nuevo esta ventana al mundo.